lunes, 17 de mayo de 2010

pánico

Esta vez debo escribir rápidamente, con urgencia, antes de que las ideas huyan despavoridas o se líen entre ellas y monten su culebrón. Cuando esto último ocurre no hay quien sepa cuál es hija de quién ni quién es hijo de cuál. Y esta vez el discurso es tan complicado que no discurre y no lo comprendo ni yo. Las ideas me pueden. Así que sin hacer mucho ruido voy a intentar organizarlas para que salgan a escena cuando les corresponda, sin atropellarse unas a otras.

La primera que debe aparecer cuando se hace el silencio, se apagan las luces y se oyen las últimas toses es el Pánico. Le han llamado Pánico Escénico por eso mismo. Ahí le tenemos acojonado unos minutos antes de salir a escena, para inmediatamente crecerse, claro, porque en cuanto se le pasan los nervios se vuelve más alto, más guapo, más expresivo y una voz más clara y vibrante sale de su garganta. Ya ha dominado la situación. Ha sabido disfrutar con pelín de vanidad los nervios del escenario y ya está en su salsa. Se le olvida  que hace un momento casi se hacía caca encima. Recuerda a Peter Pan en aquel momento, preso, atado a un poste a punto de morir ahogado porque subía la marea o algo así, en el umbral de la muerte, diciéndose a sí mismo: la muerte debe ser otra gran aventura o esto debe ser muy interesante. No recuerdo las palabras textuales así que me vais a perdonar que no cite a los autores al pie de la letra. Al fin y al cabo todo el mundo cree que no se trata más que de un dibujo animado y pocos son los que se dan cuenta de que Barrie era un señor de carne y hueso que hacía decir a sus personajes las cosas que pensaba él.

El siguiente que aparece en escena es el PÁNICO con mayúsculas. Parece que domina nuestra vida, pero en realidad es como un gigante de las fiestas levantinas, de cartón piedra, muy grandote pero que no tiene ningún interés. Es ese gran miedo a volar, por ejemplo, o a meterse en una cabina de escáner a que te lean los males del cuerpo, o a que te den el resultado de unas pruebas médicas después de 15 días de larga espera. Se pasea con los cabezudos disfrazado de rey enseñoreado por nuestras mentes fóbicas pero todos sabemos que en realidad es un hombrecillo sosteniendo un armazón que a su vez sostiene un traje que a su vez sostiene la idea de importancia.

Diréis que no tengo razón y que a esos grandes miedos hay que tenerles un poquito más de respeto, porque son el gran miedo a la muerte.

Pues no. El que nos da más miedo, el verdadero miedo es el miedo al miedo. Es el pánico con minúsculas, el auténtico pánico. No es tanto el miedo a que el avión estalle y se haga añicos junto con nuestras vidas, o a que el escáner o la horrible prueba revelen una enfermedad mortal y nos sintamos condenados  del corredor de la muerte. Lo que nos produce verdadero pánico es nuestro propio pánico a estar en un avión encerrados con nuestro propio miedo a no controlar nuestro miedo, o a no ser capaces de soportar estar una hora dentro de la máquina con nuestro miedo a que se olviden de nosotros mientras nos asfixiamos o a no soportar 15 días de angustia con nuestro miedo subido a la chepa acompañándonos todo el rato y recordándonos que tenemos un grave problema de ansiedad y angustia vital.

Estoy siendo un poco dura con las pinzas, pero así lo veo yo. De alguna forma, en algún momento pensamos algo así como yo no voy a poder con esto. Esto me puede a mi. Y da igual lo que sea esto. Pero no hay ningún esto que sea más fuerte que nosotras, las pinzas. Agarradas a un hilo, a una cuerda soportamos el peso de lo que quieran colgarnos, y no necesitamos nada más que nuestro simple mecanismo de sujeción.

Dejé este texto suspendido en este punto hace ya varias semanas porque me vi un poco consejeradelibrodeautoayuda y me caí un poco gorda. Esto no debe interpretarse como una crítica a los libros de autoayuda, de los que he leído algunos muy buenos y otros no tanto, pero que no los critico en absoluto, porque además de ayudarse a sí mismos son libros que ayudan a los demás. En general están escritos en un tono cariñoso, y lo importante, como sabía muy bien el Capitán Garfio era el tono. Este siempre se hacía la pregunta de si su comportamiento, vestimenta, actitud, o lo que fuera que se cuestionase en ese momento, era de buen tono. Al Capitán Garfio le importaba muchísimo la clase, el saber estar y se lo envidiaba mucho a Peter Pan, que tenía todo eso de natural. Peter Pan era como esa guapísima de Cien años de Soledad que no se daba cuenta de lo guapísima que era y que tenía una belleza cuyos destellos iban matando a los hombres de Macondo. Pues a Peter Pan le pasaba tres cuartos de lo mismo con la elegancia y la distinción innatas, que ponían a Garfio de los nervios porque él impostaba gestos y maneras delante del espejo y no conseguía para nada el buen tono tan ansiado: se le notaba muy artificial. Y es que la elegancia está en la forma de moverse, de andar, en la voz, (no me digáis que nunca habéis oído una de esas voces que recuerdan a los minidinosaurios de Parque Jurásico y te destrozan el tímpano), o en el movimiento de la mano (que nunca tendrá unas puntillas blancas, un pañuelito o un meñique estirado), todo eso llevado con naturalidad. Del libro de Peter Pan, que os recomiendo encarecidamente, pues este señor lo escribió como obra literaria, no como guión de película de Disney, lo más elegante del personaje de Pan es cómo se enfrenta a la muerte en esa escena que os he contado unos párrafos más arriba. Y por eso le duele tanto a Garfio y le produce tanta envidia, a él que va vestido como todo un señor pirata con su levita ceñida, su peluca y sus chorreras, pero vive temiendo constantemente encontrarse con el tictac del reloj que se tragó el cocodrilo, que le recuerda incesante su miedo al miedo.

lunes, 15 de marzo de 2010

Otra ostra

No sé si disculparme por haber estado tanto tiempo "aut" o si os he hecho un favor y debo sentirme satisfecha. He tenido mis motivos que no me atrevo a transmitir. Bueno, os lo diré si no sale de la red. Millones, trillones de usuarios, y presuntos lectores, guardadme el secreto. Sé que los bufones cibernautas no tenemos derecho a estar tristes, pero como en esta Corte no se cobra y no hay ningún contrato, me he tomado la licencia de pasar unos días de duelo, poco más de un mes, pues empezó el 2 de febrero. No es mucho tiempo si tenemos en cuenta que un amigo mío japonés ha tardado en contestarme un mail varios meses porque murió su madre y durante un año no pudo hacer vida medianamente normal. (Ya sé que la vida de normal no tiene nada, que no es más que un constante fenómeno paranormal, pero si empezamos a no ponernos de acuerdo con lo que significan ciertos términos vamos de cráneo). Iba diciendo que el luto en Japón consiste en abstenerse de cultivar las relaciones de amistad y cariñete durante un año. Aquí el luto es una costumbre extinta que ya no está bien vista, porque la vida sigue y eso, pero no por eso estamos menos tristes. A mi nadie me ha dado el pésame supongo que porque no era un allegado de primera línea (de mar?), o de primer grado, o como quiera que se diga, pero el corazón no entiende demasiado de parentescos y se fija en cosas que a los notarios les daría la risa, como alguna vez en que te abrazaron con mucha ilusión porque llevaban un año sin verte, o en otra ocasión te dio un ataque de risa al unísono por la misma clase de tontuna, o notaste algo que ni siquiera hay palabras para nombrarlo porque los idiomas tienen sus carencias, y no pierden el tiempo en inventar definiciones para las insignificantes vibraciones del corazón. Si el derecho romano no lo contempló hace dos miles de años es que no tenía ninguna razón de ser. No olvideis que los abogados son muy listos.
Así que me quedo aquí sin pésames ni nada, y me disculpo de nuevo por haberme ensimismado en el hueco que tiene eco-eco- eco ...
Otro de los motivos por los que he pasado de largo del ordenador ha sido la cantidad de cosas que se han amontonado en mi casita mental de Piolín, todas tan importantes que no sabía por cual empezar y como siempre que ocurre esto las ideas que no salen al escenario se van autodestruyendo como los paquetes bomba, se queda todo borroso y con olor a pólvora. Imaginaros a la pinza tendida sobre las tablas con una humareda tal que no se veía ni la punta de los dedos, sin atreverse a toser, no fuera a ser que el eco del hueco volviera otra vez a la carga.
Entonces, abrumada por mi propio ostracismo, recordé un texto que escribí hace años, sobre la naturaleza de las ostras, y me pregunté porqué se inventó la palabra ostracismo si no tiene nada que ver con el carácter de las ostras. Ahí va el texto, y me decis si estais de acuerdo conmigo o no. (Hay que ver los creadores del lenguaje, bien que tienen tiempo para inventar palabrejos absurdos que acaban en -ismo, que se lo añaden a la primera palabra que pasa y sin embargo no hay nada para hablar de eso).

OSTRA
Encontré una pequeña concha de ostra en una playa, aunque no puedo poner la mano en el fuego de que no fuera más que una valva de almeja costrosa con interior nacarado. Es lo de menos. Lo de más es que tuve un "insight", un momento lúcido de comprensión de la naturaleza de la ostra, con la que inmediatamente me identifiqué. Es un animal, supongo, que se protege de los elementos externos malignos con un caparazón que cierra herméticamente a la menor señal de peligro. Puede que en algunas ocasiones se confunda y considere amenzadoras situaciones que en realidad no lo son. Pero el caso es que tiene esa capacidad de cierre al mal rollo, de no te quieres enterar, ye, ye, y por otra la libertad de abrirse de par en par y dejar su vulnerabilidad al alcance de la mano, sin reparos. Todo su cuerpo casi líquido, agarrado por un fino hilo a la concha, se vuelve absolutamente sensible a lo que ella, motu propio, ha permitido penetrar, franqueando la fortaleza para inundarse de sensaciones, sabiendo que es todo o nada y decidiendo que sea todo. Y eso gracias a su mecanismo abre-cierra, como de bisagra. Y ese mecanismo primitivo y sincero (que tiene un punto que me recuerda a la horrible canción de Abre la muralla, cierra la muralla, así que por favor borradla de la mente y no empeceis a tararearla, que se pierde el duende que estaba empezando a surgir), digo, que ese mecanismo, nos da una gran lección de elegancia, cuando forma una perla con todas aquellas cosas a las que les fue permitido cruzar la barrera, pero que en realidad no se lo merecían. 
Querría ser así de ostra-sabia y dejar entrar a ratos todo y a ratos nada, aún a sabiendas del horrible final que me esperaría: la muerte mortal a manos de unas manos que exprimen el limón y riegan con ácido el cuerpo-víscera de la pobre ostra para engullirlo con grima por la textura de escupitajo al contacto con la lengua y el paladar, y sin embargo un placer embriagador al saborear todas las experiencias envueltas en mar, alguna vez embriagadoras, que con permiso traspasaron la frontera.
Bueno, no está tan mal que al final te beban con una mezcla de asco y placer y hayas producido una esfera blanca, áspera y brillante con todas las tonterías que por despiste de tu mecanismo primitivo dejaste entrar.

jueves, 28 de enero de 2010

Reina por un día


No sé a cuento de qué me he acordado de pronto de una serie de animación que veía en mi infancia, cuando sólo había dos canales de televisión a blanco y negro, los dos, no uno blanco y otro negro. Aunque seles llamaba dibujos animados estos no eran dibujos, sino un par de monigotes como los ahorcados del juego, hechos de cuerda excepto los pies, y las manos que debían ser unas maderitas con forma de semiesfera pintadas de algún color brillante, vete a saber cúal porque se veía gris, y con una cabeza esférica con ojos y boca pintada con unos trazos muy simples. Muy minimalistas, como os podeis imaginar si no sois de mi generación y no sufristeis la experiencia de sentaros en una silla a ver las historietas que les ocurrían, que debían ser algo patéticas, como casi todo en aquella época, pero que adiosgracias ni las recuerdo. Y digo en una silla porque el repantingarse en un sofá a ver la tele todavía no se estilaba, (yo creo que el sofá ya estaba inventado, pero el concepto de repantingarse no, eso llegó más tarde, con el mando a distancia). Pues los tales monigotes se llamaban Pilofat y Rapalín, y eran los nombres esos lo que nos llamaba la atención y nos tenía enganchados a la silla, como si fuera un video juego. Unos nombres sonoros y ya tenían la audiencia asegurada, fíjate que fácil y que cómodo para los creadores de esa serie patética de la que sólo recuerdo lo que os he contado y que al final ponía koniak, que sin saber idiomas comprendíamos que significaba fin. Vosotros que dominais tantas lenguas habreis adivinado que eran de la antigua Checoslovaquia, cuando esta era un país, o eso nos hacían creer.

Y recordando a Pilofat y Rapalín, una vez abierto el baúl de los recuerdos de la infancia, guardado en el sótano más recóndito de la mente, allí donde torturan a las víctimas los asesinos en serie de las películas y de la vida real, ha salido otro programa horrible de nuestra querida televisión que se llamaba Reina por un día. Por si no habeis tenido el gusto de verlo o si lo teneis guardado en el sótano -3 del parquing mental y a estas alturas no hay quien lo encuentre y lo traiga a la superficie, os contaré de qué iba. Elegían a una niña, no sé de dónde ni con qué criterio, y la coronaban reina por un día, y durante un día de su vida, (que en tiempo real era la hora que duraba el programa, a años luz de las 24 horas de emisión de los Gran hermanos), podía decidir qué caprichos la harían feliz o a quién prestaría su ayuda, caso este último, de ser una niña solidaria, (aunque ese concepto tampoco existía, entonces se hablaba de compasión o caridad), y el equipo del programa se desvivía por cumplir sus deseos que eran órdenes para ellos. Yo sufría de verdadera envidia porque sabía que eso no estaba hecho para mí, como así fue: esta pinza jamás fue coronada reina televisiva ni escogida entre cientos de miles de niños ni niñas ni nada para protagonizar nada. Bueno miento: me sacaron una vez en un delfinarium para que los delfines me pasearan en una balsita inchable, tirada de sus inteligentes hocicos, pero al ayudarme a salir de la lancha el domador de delfines me dio un codazo en el ojo sin querer, supongo, y con la vista nublada no pude distinguir las miradas de envidia de los otros niños y se me jodió mi momentito de gloria.

Pero, hete aquí que he visto en la jilipollez de programa un paralelismo con la vida que me ha dejado anonadada a mí misma. Y es que comparando nuestra existencia con la longevidad infinita del universo, y desconociendo de dónde venimos ni qué criterio se sigue para seleccionarnos, y teniendo en cuenta que no conocemos por el momento a ningún ser humano e inmortal al mismo tiempo, o sea, que aquí estamos un ratito nada más, todos, todos sin excepción, ... en alguna planta de mi edificio mental he visto nuestras vidas a blanco y negro, tocados con coronas de plástico con un mundo entero para responder a nuestros caprichos o nuestra solidaridad, (ahora sí puedo usar esa palabra), o a ambas cosas a la vez. No sé si esta idea se ha producido en la azotea mental, el desván, o el sobrao que le llaman en los pueblos. No sé, pero aquí hay un tiempo precioso que aprovechar, antes de que el equipo del programa se ponga a desmontar el plató y no se acuerden ni de decirnos adios y por ahí está la salida.

Y por haber sido tan amables de entrar al trapo en esta reflexión y haber aguantado a Pilofat y Rapalín, aunque sea por un ratito, os he subido el cuadro Azotea, de 2008. Es una tabla de 70 x 120 cm. aprox. realizada sobre un collage de papel de periódico en acrílico y óleo. Espero que os guste, majetes.

P.D.: Ya me acuerdo a cuento de qué me acordé de Pilofat. Estaba yo pensando, como siempre, en asuntos de naturaleza abstracta y por lo tanto inútil, y no me atrevo a decir filosofando, porque los filósofos pueden enfadarse conmigo por intrusismo y yo con ellos porque los considero machistas a la mayoría y por lo tanto medio tontos, (si no han tenido en cuenta a la mitad de la humanidad al desarrollar sus teorías, si se les ha escapado este pequeño detalle, son medio tontos o por lo menos medio-listos) una frase-eco que se repetía en el recinto de mi cráneo, cavidad amplificadora que sonaba, Borra eso, Empezar de nuevo, Borrón y cuenta nueva, Empezar de cero, Volver a empezar, Begin the begin, Borrar y empezar. En fin la idea de renovación, de los errores tienen solución, Más se perdió en Santiago, Más valen barcos, etc. Todas esas ideas que vienen a pedir disculpas a uno mismo y a perdonarse y volver otra vez a intentarlo. Y ahí fue cuando me acordé de unos dibujos animados, que no eran los de cuerda, era un niño que tenía un lápiz y una goma de borrar, y dibujaba lo que quería y borraba lo que le molestaba: eliminaba las cosas como un mafioso, sin mancharse. Eso era mucho mejor que ser reina por unas horas, porque el niño, más listo que los filósofos, se dibujaba dinero, míralo.

Así mi pensamiento derivó a Pilofat, y de ahí a las niñas reinas y de ahí a los delfines y a la solidaridad, y el disfrute y los filósofos y los... Pero no me acordé porque lo había anotado en la libreta de las ideas importantes que luego se me olvida mirar cuando me pongo a escribir.

viernes, 8 de enero de 2010

Algunas de mis obras

Feliz año para todos. Venga para los enemigos también, no seamos rencorosos. En este año que acaba de empezar me he propuesto:
  1. Fumar como una cerda
  2. Engordar unos cuantos kilos más, además de los que ya entraron con holgura en las entrañables.
  3. No hacer deporte ni nada de ejercicio y a ser posible respirar en ambientes fétidos y sórdidos.
  4. Perder el tiempo todo lo que pueda, ser una pinza improductiva, que no trabaje nasoluto.
  5. Ah! y comprarme muchos primeros fascículos de coleccionables y coleccionar muchos númerosunos de dedales, zapatitos de época, muñecas de porcelana con carita de monstruo a escala 1:10, sombreros de época, coches de época, bicis de época, infinitas miniaturas de época, no sé de qué época, pero da igual. El número 1 y basta, el namberguan como dirían los de muchachada nui.
Son 5 propósitos difíciles de cumplir, arduo trabajo para una de tantas personas acostumbradas al pepito grillo constante, eco plasta que repite sin cesar tendría que ..., debo ..., hay que ..., por qué no...? Todas esas frases que sugieren que no tenemos la iniciativa suficiente o la disciplina o las ganas de trabajar. Y no es que me las diga nadie, me las digo yo que soy la más exigente pero que en el fondo no hago más que recoger el sentimiento generalizado de las personas que me rodean, me refiero no a los allegados, que en buena hora llegaron de nó sé donde. sino a los que no llegan, billones de personas que nos rodean y que sin darse cuenta nos van diciendo cómo debemos vivir, cuánto tenemos que trabajar y qué cosas nos deben preocupar. Son los que saben cual es el bien y cual es el mal. Pero lo transmiten sutilmente, nunca dicen esto está mal o esto está bien, sino frases como Hoy no he comido en todo el día, o es la primera vez que me siento. Por eso te hacen sentir mal, porque tú llevas todo el día sentada con un dolor horrible en la espalda, después de haber superado una gripe que ni siquiera era A, y que te retrasó muchísimo en tus quehaceres. Y después de eso te dio una horrible lumbalgia que te tenía del sofá a la cama y de la cama al sofá acomodando malamente la zona dolorida y viendo las estrellas con cada mudanza. Y a eso se suma que pasaron las mal..., las entrañables que por fin se acabaron y que te dejaron molida de beber comer y fumar, porque el tabaco no soportó aguantar las fiestas sólo y dijo: estas Navidades me quedo, veremos si me voy más adelante, cuando yo ya había decidido que me las podía arreglar estupendamente sin él.
Y otro de los que te hacen sentir mala conciencia son los tipos estos geniales, que dicen, (como uno de los artistas que aparecían en el blog, que hace unas fotos bestiales, Mr. Toledano, que si quereis visitar su huev la dirección es mrtoledano.com) que desde pequeñito ya se daba cuenta de que quería ser fotógrafo y consiguió que le regalaran una cámara a los 11 añitos y empezó a hacer fotos a tan tierna edad. Lo que significa que empezó su recorrido profesional cuando todavía no tenía pelos en la lengua y que yo, que mi única profesión es ser bloguer, pues vaya, que ni cobro ni ná, me siento una cateta al lado de estos señores toledanos. Así que he decidido someterme a las presiones y subiros de una p vez algunas de mis obras de arte o works of art.

Os presento al lagarto trompetero, que se encuentra dirigiendo una película en este momento. Los lagartos tienen cierta querencia por los largos que no comparten con las iguanas a las que les van más los documentales artísticos. Esta pequeña obra, mide aprox. 35 x 25 cm. es una acuarela sobre papel de mis primeros tiempos, mi época, llamémosla de época.


Y ahora, os voy a subir un dibujo al carboncillo de 100 x 100 cm. de mi época más reciente, llamémosla época actual, si os parece. Es un bosque de árboles ordenados por la mano de la pinza-guardabosque, que todo lo quiere mantener en orden para que cuando uno se pasee por .ahí sepa a qué atenerse y no se lleve sorpresas.


Espero que hayáis notado la desolación de este espacio desolado y que aún así os apetezca introduciros en él aunque sea por unos segundos.

Y por último me queda hablaros de la obra que aparece al principio, es mi autorretrato, y se llama Duda. El mar o la montaña? Ya sé que unos el mar y otros la montaña. Yo no lo tengo claro.

Ahora Pepito Grillo está más tranquilo y me dejará en paz por unos días.

sábado, 19 de diciembre de 2009

El tabaco me ha dejado

Hola amigos y allegados:
Quiero empezar felicitándoos estas fiestas entrañables. Me refiero, como todos sabeis, a las Saturnalias, que celebramos siempre por estas fechas desde los romanos, comiendo toda clase de combinaciones de alimentos engordantes. Los romanos también se ponían hasta arriba y montaban unas fiestacas en Roma que eran como la Noche en Blanco pero en divertido. Quiero decir que allí participaba también todo el mundo, todos salían a la calle, como nosotros ahora, pero se lo pasaban bien. Los amos servían a los esclavos por una vez en todo el año (creo que aprovechaban esas doce horas de poder para ensañarse con los amos y vengarse de todos los sinsabores que les habían provocado, como los latigazos y las palizas informales y les pedían a los amos que les trajeran un vaso de agua a la cama, los muy ruines. Bueno no estoy documentada, así que no os fieis mucho porque me dejo llevar por la imaginación, me pongo en su lugar, y yo por lo menos los putearía de esa manera. No os quiero aburrir con datos, pero si quereis saber cómo celebraban los susodichos romanos las Saturnalias haced el favor de meteros en internet y teclearlo y vereis la de cosas curiosas que encontrais, que aquí nadie inventa nada, el Corte Inglés con sus luminosos horteras ya estaba más que inventado, los arbolitos y hasta Santa Claus, que creo que lo recicló la Cocacola de un mix entre el auténtico Papa Noel que iba de Verde, el rojo corporativo de la marca y un vecino gordo que vivía al lado del creativo que soltó un jojojo cuando se metieron juntos en el ascensor y se rozaron las barrigas. Aquí va mi felicitación para los que sois majetes en general, aunque tengais algún momento mala-persona, que todos lo tenemos, no os preocupeis.
Os lo deseo de todo corazón así como a mis enemigos, si los tuviese, les desearía lo siguiente:
Que si están enfermos empeoren, que lo pasen asquerosamente mal en compañía de sus seres queridos, que no es difícil, y que tengan un año nuevo horríbilis, en fin, que les vaya a todos fatal, y sobre todo que se aburran mucho, se mueran de asco y no le encuentren sentido a la vida y se sientan culpables porque hay tantas personas muriéndose de hambre y sufriendo injusticias sociales.
Que pena no contar con enemigos en este momento porque me encantaría diseñar una felicitación con todas estas ideas.
Bueno, y el título de la entrada de hoy es porque me siento muy abandonada por el tabaco que ha elegido unas fechas espantosas para dejarme. Le echo de menos. Tengo momentos en que me río y me olvido, pero son los menos, y además es una risa un poco esquizofrénica. La mayor parte del tiempo no puedo evitar pensar que fue una larguísima relación, de dependencia, vale, pero también había amor y placer, y odio, y de todo, fueron más de 30 años juntos, el olor, el humo, la cleptomanía mecheril, las miradas de ternura y a veces rencor, todo hay que decirlo, ... y ahora ... me ha dejado y no sé por qué. No sé qué le he hecho, en qué he fallado ... y precisamente ahora, que todo el mundo fumará y reirá carraspeando y toserá y se atragantará y serán felices, ... y yo ... no sé qué voy a hacer. Puedo dedicarme a la bebida, que creo que está libre. No sé. es demasiado pronto para empezar otra relación. Perdonad que os de la vara, pero lo estoy pasando francamente mal y en cambio él, el tabaco promiscuo, yéndose con todo el mundo, le da igual ocho que ochenta. Me las pagará.
Repito, felices fiestas, vosotros fumadores activos. Un abrazo



miércoles, 2 de diciembre de 2009

Lo siento cuaderno

Verdaderamente lo siento y pido disculpas a mi cuaderno, porque este texto le pertenecía y el medio virtual con su popularidad , se lo ha robado. Este iba a ser un texto nocturno de insomnio nervioso, propio del cuaderno, pero la pinza tira al blog, como la cabra al monte. Entre cambio y cambio de postura, se ha ido creando un texto, el sólo, juro que no tengo nada qué ver, y se ha puesto tan cabezota que me ha obligado a levantarme, agarrar el portátil a ciegas y ponerme a escribir: la tiranía de las neuronas que no tienen la disciplina suficiente para dormir cuando hay que dormir y trabajar cuando hay que trabajar y ponen al resto del sistema nervioso a su disposición cómo y cuándo les da la gana.Como ya tengo la pinza espabilada, intentaré reproducir el texto obedientemente.

Todo ha empezado con una reflexión sobre un tema de carácter gramatical en el que se hacía necesario hablar de un verbo transitivo. Eso me ha llevado a imaginar la expresión de disgusto, por no decir asco, de los lectores que siempre llevaron con orgullo eso de odiar la asignatura de lengua castellana, y por derivación cualquiera de las otras segundas lenguas que intentaron malamente enseñarles en el colegio y de las que seguramente solo aprendieron a decir mi sastre es rico o yo soy un estudiante. (Esta última frase tiene más posibilidades de usarse que la primera, no me digais que no). (Por cierto, los profesores de primeras y segundas lenguas deberían cuestionarse un poco qué hacen para impedir el conocimiento de algo tan natural y fácil para un niño, y conseguir a cambio el odio eterno hacia los idiomas y sus pobres gramáticas, que no tienen la culpa de nada, porque no es normal, es como una anomalía del mundo moderno). (Perdonad tantos paréntesis, pero soy incapaz de reproducir el texto tal como lo habían planeado mis neuronas déspotas, sin meter baza y decir lo primero que se me pasa por la cabeza).

Vale, sigo, obediente: Recordé entonces que, en general, yo había tenido buenos profesores de lengua castellana y una muy buena profesora de literatura en el bachillerato que no se adivinaba que era catedrática por su abrigo, que no debía abrigarle mucho porque tiritaba mientras hablaba. Y una vez nos contó que a sus hijos, que tenía varios, les ponía nombres siguiendo un tema, por ejemplo, la Biblia para la mayor, que se llamó Esther Judith Sara o los Nibelungos para la siguiente, Sigfrida Brunilda Krimilda, como si fueran trípticos o trilogías. Porque antes se ponían tres nombres a los recién nacidos y cavilando cúal sería la razón se me ha ocurrido que era un motivo de realce dramático de la escena del bautismo. Imaginaros la iglesia con un olor rancio o de humedad y esa luz difusa que invita a la somnolencia o al menos a la distracción. Junto a la pila el cura con su traje de cura y sobre ella la pelotita peluda y caliente de la cabeza del bebé reciente, y la tensión dramática de la mano del cura sujetando la concha llena de agua fría de la pila sobre la cabecita dormida y con parsimonia recitando la retahíla de nombres y todos atentos con el corazón palpitante. No me negareis que tiene mucho más interés que ir al Registro Civil y decir, nació ayer y se llama Izan, no es un nombre vasco, es Ethan? no Izan.
Bueno, eso es todo por hoy. Espero perdoneis que os haga partícipes de mis recuerdos, recordar significa volver a pasar por el corazón, y quizá no teníais ningunas ganas de pasar por el corazón recuerdos que no os pertenecen, pero bien podeis ahora, curiosas pinzas, investigar cómo se ha pasado de trinombrar a las personas a ponerles un solo nombre pero muy chorra.

Ah! y decidme si pensais que la próxima vez mejor desobedezco a las neuronas-pájaros.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Pinza deteriorada

Este post va a ser really corto debido a mi deterioro físico y mental, que es lo mismo, que me impide avanzar en todos los sentidos. Me he enfriado y cuando uno se enfría, la misma palabra lo dice: se queda frío. Será que no llueve ni pa Dios, será que el tabaco tiene montones de toxinas, será que el arte nos deja fríos, no sé... Es lo que tiene estar así, que no se sabe nada. Las mucosas se expanden por unos tejidos que seguro que son los del pensamiento y la comprensión, y claro, inundados de mocos bacteriosos es imposible el raciocinio. Podría bien ser una crisis y pasar en algún momento, si no pasar de largo por lo menos no ser una situación permanente y levantarme una mañana respirando con normalidad. Pero no: este enfriamiento se ha obstinado en habitar mi yo desde las puntas de los pies, que son las más frías de las extremidades, hasta las puntas de las manos, que también son como minicarámbanos, mientras la extremidad cabeza parece un sonajero atascado.

Lo que sí he descubierto, por si os sirve de pista, (a estas alturas de la vida no pretendo abrir los ojos de nadie más que los míos propios), pero por si una idea os da qué pensar, como esas frases escuetas que oímos a veces que dan en el clavo y materializan con pocas palabras lo que habíamos pensado durante años y no sabíamos como decirlo, por ejemplo la que he oído esta mañana en Siglo XXi, en Radio 3, claro, un mensaje grabado en el contestador dicho por un tío joven, no sé que edad tendría: "Mi papá me viene a recoger al botellón". Pues eso no abre los ojos a nadie, pero qué bien ha resumido este rollo patatero de la "paternidad responsable" que lleva años culpabilizando a tantos y tantos progenitores pringados.

Pues lo que yo he descubierto con este enfriamiento eterno y no espero que se me ocurra una forma de decirlo también escueta y certera porque no está la pinza para farolillos, es que los males son proporcionales a la dificultad de lo que hay que aprender a través de ellos: contrimás difícil, más malo. (El contrimás os ha gustado eh? Dadle al coco que yo no puedo, soy una pinza blanda como los relojes de Dalí, que por cierto parecen copiados de una fotografía de relojes blandos que vi en una exposición de Surrealismo en el Pompidú hace dos semanas, qué cool!!!! (cool es frío, de ahí mi enfriamiento pertinaz).

Envuelvo la pinza blanda en unos edredones blandos también para que sude y vuelva a su temperatura habitual, a ver si en ese falso útero coge energías para concentrarse de nuevo.